Eje de: Okupación

El nacimiento continúo de nuevos espacios sociales okupados, y la inusual consolidación de algunos de estos proyectos en la Comunidad de Madrid, son indicadores de que, a pesar de la constante persecución policial y legal de esta práctica política, la apuesta por poner en pie espacios autónomos atraviesa un relativo buen momento en la región, con una explosión de experiencias diversas en su composición y estrategias. Esta situación permite que los centros sociales logren con mayor éxito trascender sobre aquellos ámbitos en los que trabajan, así como profundizar en las dimensiones relacional y organizacional intrínsecas a esta práctica.

La okupación es una herramienta de acción directa y de lucha con una vigencia e importancia adicional en estos momentos de crisis sistémica, ya que ataca a la sacrosanta propiedad privada, elemento fundamental para entender la crisis que sufrimos en estos momentos. En un tiempo en el que miles de personas hipotecadas son expropiadas a causa del impago de las cuotas correspondientes, resulta más necesario y crucial abrir una brecha simbólica en la percepción social sobre la propiedad y sobre los usos especulativos del suelo y las edificaciones. Una sociedad como la madrileña, que se apuntó rápidamente y con gran interés al desarrollismo inmobiliario, encuentra ahora una “fotografía” de cientos de miles de viviendas vacías en barrios que ya estaban muertos antes de nacer.

Casas sin gente, gentes sin casas

Este clásico lema coreado en infinidad de manifestaciones puede llevar a una sencilla y necesaria respuesta: la apropiación de las viviendas por la población. Aunque esta no es la realidad que veremos a corto plazo, dependerá de cuanto más se agudice la crisis del empleo para que pueda pasar a ser una práctica que preocupe, no tanto por una conciencia política que se explicite al ejecutar el hecho en sí, sino por la enorme desigualdad existente, traducida en conflicto social, para solventar la dificultad que para millones de personas supone acceder a una renta suficiente para vivir por medios “legales”. Pero la creación de centros sociales mediante la okupación u otros medios transciende la mera reapropiación de espacios para vivir. Es una práctica de acción colectiva, es un medio legítimo de lucha y resistencia capaz de construir en el mismo corazón de la gran urbe espacios de socialización, de creación, de experimentación, de autoformación, de diversidad, de pensamiento político, de agregación social, de deseo… que prácticamente no existirían de otro modo. Los espacios okupados transforman edificios pensados para la obtención de riqueza ilegítima en espacios de gran vitalidad y potencia transformadora de la realidad.

La experiencia nos demuestra que tras los desalojos, los espacios permanecen en la impasible espera del barbecho especulador. Valga como ejemplo que de los cuatro espacios recuperados por Rompamos el Silencio en los últimos años, tres siguen en el mismo estado en el que se dejaron al concluir la Semana de Lucha Social correspondiente, pero, eso sí, con mejores medidas de seguridad. El cuarto espacio permanece aún okupado.

Desde este Eje queremos seguir proponiendo la necesidad de arriesgar para defender desde lo colectivo herramientas políticas como la okupación que permitan contribuir a la necesaria erradicación del sistema capitalista, en la ciudad, en nuestros barrios, y en nosotr@s mism@s. A través de la inclusión, la diversidad y participación horizontal en su gestión avanzamos sobre la práctica de la construcción permanente de un mapa para la acción, la reflexión y la transformación de la realidad social. Una realidad social compuesta por millones de vidas fragmentadas que sufren los mismos problemas, pero que en ocasiones son incapaces tan siquiera de reconocerse. Difícilmente lograremos articularnos para transcender la escala micro del cambio social si antes no nos reconocemos como semejantes.

Entendemos que la acción política tiene como acompañante el riesgo, visto éste de muchas formas diferentes, que afectan a lo individual, a lo colectivo y a la propia supervivencia de los espacios okupados. Un centro social es un espacio que necesita de apuestas arriesgadas para conseguir trascender a la realidad militante más cercana y abrir brechas y nuevas corrientes de pensamiento dentro del consenso social imperante. Para ello es necesario que los centros sociales apuesten por romper las barreras simbólicas que estigmatizan el activismo político, reconocer los modos de lucha como polifórmicos y multidireccionales, y entender el tejido de redes sociales como el germen de un proyecto que se configura desde lo subjetivo para conseguir una mayor fortaleza y capacidad de cambiar la realidad.

Los centros sociales son un mensaje

Estos espacios, liberados del afán especulador, son una interpelación a la sociedad: “si quieres, puedes”; si lo deseas y te organizas puedes cambiar tu realidad y su entorno más inmediato. Son un mensaje directo que se compone de deseos, rabia y proyectos. Un mensaje que llama a la desobediencia y al empoderamiento. Un mensaje lleno de mensajes acerca de cómo vivimos, dónde vivimos, quién y cómo gobierna, cómo funciona el sistema, cómo podemos organizarnos para cambiarlo… Un mensaje vivo, que cambia al ritmo que cambia el Mundo, pero que mantiene palabras de antes, de ahora y de siempre: Solidaridad, apoyo mutuo, creatividad, poder popular, libertad, autonomía, justicia, dignidad…

No hay mapa del tesoro,
El mapa es el tesoro
Construyámoslo.

  •  June 24, 2009
  •  Posted by okupatutambien at 3:47 pm
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