Okupar en Madrid, entre lo necesario y lo imposible 1.0

 

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Entendemos la okupación como una herramienta compleja, es decir como un elemento que conjuga a la vez teoría y práctica, que es a la vez fin y medio, herramienta con capacidad superadora de estos planteamientos dicotómicos. Pero una herramienta ¿para qué? en principio la okupación puede ser vista única y exclusivamente como un arma de lucha contra la especulación, pero creemos que no es la única forma de lucha contra este mal que asola nuestras ciudades. Vemos la okupación principalmente como un elemento para aglutinar, catalizar, como espacio en el que poder encontrarnos, en el que poder intervenir y transformar el mundo que nos rodea, aquí y ahora. Pero somos conscientes de que la okupación también supone un ataque frontal a uno de los sacrosantos principios de este sistema, la propiedad privada, entendemos que la desobediencia a este principio conlleva un enorme potencial a la vez que supone un gran lastre, esta es una de las paradojas ante las que nos sitúa la okupación.

La okupación en Madrid supone un desafio, un reto… Los poderes políticos no pueden permitir que en la capital del estado exista un alto nivel de disidencia, dado que podría marcar una pauta como ya ha pasado en algunas ocasiones (manifestaciones contra la guerra, 13-M….). De este modo, podemos decir que la represión a la que se sometió a las diferentes iniciativas de okupación en Madrid durante el gobierno del PP hicieron mella en un precario y débil “movimiento” que no pudo hacer frente a la política de acoso y derribo que se lanzaba desde el Gobierno. La debilidad del “movimiento” se hizo manifiesta cuando, tras el desalojo de algunos espacios que eran referentes, no se pudo articular una respuesta colectiva y contundente, más allá del “un desalojo otra okupación” o “desalojos son disturbios”; algo que nos situaba en una espiral sin salida y que marcó un punto de inflexión. Pareciendo que la okupación no tenía sentido en Madrid, aun hoy hay gente que mantiene esta posición, algo que no es descabellado en la medida en la que los proyectos no se han podido consolidar, pero si lo ha hecho la represión. No obstante, comienzan a aparecer grupos de gente joven que no estuvo en contacto con las experiencias de okupación durante el “aznarismo” y que han tomado con nuevas energías una herramienta que muchos daban por muerta. Parece evidente que el gobierno del PSOE no aplicará una manga ancha, pero sabe que, en cierto modo, tiene una cuenta pendiente con los movimientos sociales que estuvimos en las calles contra la guerra y tras el 11-M. Saben que, en cierto modo, están en el Gobierno gracias a la presión ejercida desde abajo. Ahora bien, quizás el gobierno crea que esta deuda ya está pagada.

Por otro lado, resulta interesante realizar una reflexión acerca de cómo enfocamos los procesos de lucha, de movilización desde el corazón de la bestia (entendiendo por esto Madrid u Occidente, depende de la escala que adoptemos). En gran medida, nuestra socialización nos empuja a pedir resultados inmediatos a procesos que son mucho más lentos y que requieren de mucho tiempo para poder ver incluso pequeños cambios. De este modo, creemos que estamos aquejados de algo que podríamos venir a denominar “impaciencia pequeño-burguesa”. Pero quizás la okupación sea un buen remedio para sacudirnos este mal, es decir, la okupación permite ver resultados inmediatos: si abres una puerta ésta se queda abierta, si pintas una pared, si haces una instalación de luz o de agua, si rehabilitas una casa… Todos éstos son elementos que posibilitan que veamos los resultados de nuestro esfuerzo y trabajo colectivos. Esto nos puede ayudar a aprender a trabajar la política como proceso. Es decir, nosotr@s apostamos por una política en la que veamos las dinámicas de lucha como carreras de largo recorrido y no como un sprint, que es a lo que nos empuja en última instancia la lógica del inmediatismo en la que estamos instalados.

De este modo, si seguimos anclados en esta lógica del evento (como único elemento estructurador de nuestros proyectos), de la impaciencia, del inmediatismo, estamos condenados a repetir errores que ya se cometieron en el pasado; a lo largo de estos años hemos visto cómo los procesos colectivos del “movimiento” se han visto truncados fundamentalmente, dada la inexistencia de dicho “movimiento”, es decir, dada la incapacidad por parte del “movimiento” de decidir hacia dónde se mueve, de transmitir unas experiencias y unos conocimientos que quedan flotando en el vacio a expensas de que una red, estructura, llamémoslo como queramos, los pueda recoger. Este déficit hace que los avances en forma de “movimiento” sean imperceptibles y que, por tanto, nos encontremos ante la continua repetición de procesos generacionales, es decir ante la continua repetición de los mismos errores, andando una y otra vez por los mismos caminos. En definitiva, la falta de estructura que permite la transmisión de experiencia: conocimientos, prácticas y análisis nos conduce primero a la aparición y después a la consolidación de políticas identitarias.

Entendemos que “lo okupa” no puede ser visto tanto como una identidad, como algo que se es, sino como una praxis (lugar en el que se encuentran la teoría y la práctica), es decir, algo que se hace y se piensa, un acto de desobediencia. De este modo, no nos identificamos como okupas, somos personas, vecinos, estudiantes, trabajador@s precari@s, parados… que decidimos colectivamente utilizar una herramienta como la okupación para la transformación de los barrios, de lo cotidiano…

Por otro lado, creemos que tenemos que reflexionar sobre los mecanismos que hacen que, mientras la especulación, la falta de viviendas para jóvenes y la expansión urbanística en la que priman los beneficios de unos pocos sobre los intereses de la mayoría son vistos como uno de los principales problemas de nuestras ciudades, la okupación de espacios abandonados sigue estigmatizada, y vista como algo marginal, como un elemento sucio. Creemos que mucha de la responsabilidad sobre esto la tenemos nosotr@s, en la medida en la que hemos venido desarrollando políticas identitarias, basadas en la auto-referencialidad, lo cual nos ha empujado hacia una ausencia de conexión con la realidad, encerrándonos en nuestros guetos, dentro de los cuales nuestras verdades y nuestros status no peligran tanto como si los ponemos en contacto con espacios más amplios. En cierto modo las manifestaciones a favor de la vivienda, que se están desarrollando en las últimas fechas son un buen ejemplo de la desconexión que tenemos, así pues mientras miles de personas han salido a la calle auto-convocadas por una estructura inexistente, nosotr@s seguimos dándole vueltas a una estructura, a una red que nos permita salir del gueto, sin darnos cuenta de que quizás el buscar esa estructura sólo venga a reforzar las lógicas de endogamia y de políticas identitarias que venimos arrastrando desde hace mucho tiempo. Quizás estemos utilizando ya una red, pero no nos damos cuenta de que estamos sustentados por ella. De este modo, nos tenemos que plantear en qué términos pueden darse situaciones en las que se produzca un apoyo o enriquecimiento mutuo, entre los “movimientos sociales permanentes” y los nuevos “movimientos espontáneos”. ¿Qué pasa con esta nueva forma de movilización intangible, que se organiza a través de nuevas tecnologías?

Seguramente uno de los elementos que nos ha hecho perpetuar esta situación, ha sido el engaño al que nos hemos sometido a nosotr@s mism@s al definir a los espacios que hemos okupado como “Centros Sociales”. Estos espacios nunca han sido centro de nada más que de nuestras propias redes enredadas en sí mismas, salvo excepciones puntuales. No han sido sociales, pues en ellos resulta muy difícil, por no decir imposible, que encontremos a personas que vengan a reflejar la complejidad y la heterogeneidad de las sociedades en las que vivimos. Quizás esta autocritica pueda parecer un tanto destructiva, pero nos parece fundamental lanzarla, reconocer nuestros puntos débiles para, desde esa posición de aparente debilidad, poder retomar con más fuerza el largo camino que aún nos queda por andar. La realidad se construye con palabras. Sólo si cambiamos las palabras podemos comenzar a caminar hacia una transformación de la sociedad.

Como hemos comentado antes, vemos la okupación como una herramienta compleja, entre otras cosas por los múltiples usos que tiene, sin que ninguno de ellos resulte el puro o el que atesora la esencia de la okupación. De este modo, creemos que, tanto el hecho de negociar con un ayuntamiento la cesión de un local para poder seguir desarrollando los proyectos, o el hecho de no querer dar visibilidad a una casa okupada para, de este modo, pasar más desapercibidos ante la represión, son elementos estratégicos y que no por que exista una diferencia entre ellas, implica que tenga que existir una incompatibilidad. Ahora bien, lo que nos parece un tanto inoperante es intentar entrar en una negociación con el ayuntamiento sin partir desde una posición de fuerza, es decir, sin que la institución con la que se negocia te reconozca como sujeto político, como contrapoder. Así, también nos parece inoperante entrar en una lógica de clandestinidad, en la que un acto público como nos parece que es la okupación, se torna en un acto cerrado. La okupación es una herramienta y, como tal, se puede utilizar de mil formas siendo incluso contradictorias. Creemos que no hay una forma pura de usar la okupación y que sólo utilizando las estrategias apropiadas en los contextos determinados, es decir, hibridándonos, podremos comenzar a afianzar las redes en las que nos apoyamos, teniendo en cuenta que, nunca nadie nos dijo que fuese a ser fácil.

Interesante reflexión también la que alguien nos lanzaba desde el mundo académico, al decir que la okupación, lejos de ser vista como una utopía, como algo que no esta teniendo lugar todavía, debería ser vista como una pantopía, es decir, como algo que estuvo, está y estará ocurriendo en multitud de lugares al mismo tiempo. De este modo, nos distanciamos de la idea clásica de la revolución como algo que llegará en un lugar y en un tiempo determinados. Nosotr@s apostamos por las rebeliones que están teniendo lugar aquí y ahora, en el planeta y en la época que nos ha tocado vivir. No obstante, el imaginario, las formas de expresión de la rebelión son múltiples, contradictorias, como múltiples y contradictorios son los nudos de la red que sustenta el sistema capitalista. De este modo, tal y como también nos recordaba un viejo maestro, sólo podremos seguir caminado si realizamos ataques diferenciados para cada uno de los nudos de diferente naturaleza que componen el sistema capitalista.

Creemos que lo que hacemos no es más que reciclar casas, no nos importa mucho si el sistema lo considera como un delito. Nuestra radicalidad no se basa en esto, sino en la construcción de un sujeto político, de una institución en movimiento que permita generar nuevas fuentes de poder entendiendo éste como potencia, como capacidad de transformación, es un largo y difícil camino que seguramente no termine en ninguna parte, pero al menos ya tenemos una parte del mapa con nosotr@s …seguiremos caminando intentando saber hacia dónde y cómo nos dirigimos, al fin y al cabo…

. . . los medios justifican los fines.

Eje de Okupación de Rompamos el Silencio

Madrid, junio de 2006