Okupar en Madrid, entre lo necesario y lo imposible 2.0

 

“L@s revolucionari@s a menudo olvidan, o no les gusta reconocer que se quiere y se hace la revolución por deseo no por deber”

Deleuze y Guattari

No hay mapa del tesoro, el mapa es el tesoro.

Cuando algo se sitúa entre lo necesario y lo imposible, se hace imprescindible un nuevo paradigma, nuevos puntos de referencia, nuevos mapas que muestren los cambios que se han dado en un territorio. Se hace necesario un cambio en las coordenadas, en los lenguajes. ¿Para qué nos sirven mapas en los que aparecen lugares que ya no existen? ¿Para qué nos sirven conceptos que nombran a realidades inexistentes? Algo fundamental a la hora de abordar estas preguntas y la construcción de nuevos mapas, es por un lado no idealizar los referentes, y por otro, no trasladar mapas de otros territorios al nuestro, dado que esto nos llevaría a tratar de ajustar la realidad que vivimos a un traje que no es de su talla. Es algo que al fin y al cabo nos llevaría a realizar copias y no mapas.

¿Pero esto no era un texto para un debate sobre okupación?

Hace tiempo, quizás desde los primeros tiempos de la okupación en Madrid, se ha desarrollado una división dentro de los diferentes grupos de gente que apostaban por la okupación como herramienta de transformación del cotidiano, como herramienta de lucha contra el sistema neoliberal… La división se traduce en una supuesta línea infranqueable que divide a l@s participantes en los diferentes proyectos de okupación, entre “reformistas” y “radicales”, entre “buenos” y “malos”. Entre dos (reforma y revolución) no se puede elegir, como mínimo hacen falta tres (reforma, revolución y rebelión) o cuatro (reforma, revolución, rebelión e institucionalización). Quizás a partir de tener en cuenta estas cuatro coordenadas (reforma, revolución, rebelión e institucionalización) y no solo las dos (reforma y revolución) que estábamos teniendo en cuenta, podamos saber donde nos encontramos con mayor precisión y comenzar a trazar nuevos caminos.

Creemos que no se trata de debatir sobre: negociar si o no, como de igual modo resulta estéril debatir entre disturbios si o no. Creemos que un debate fructífero se debe centrar en: qué se negocia, cómo se negocia y para qué se negocia, o en el caso de la violencia, qué se ataca, cómo se ataca y para qué se ataca. Asimismo es necesario hacer una contextualización de cada caso para poder profundizar, para poder comprender. Para ello necesitamos distintos referentes para los distintos contextos. Es decir no podemos medir los diferentes proyectos de okupacion que han existido en esta y otras ciudades con una misma regla, debemos tener en cuenta quienes son los responsables de cada proyecto, en que barrio se encuentran, el proceso seguido hasta llegar a la okupacion, la coyuntura política que se vive en la ciudad…

La comodidad de habitar en el gueto

De sobra es sabido que los espacios, las relaciones y los grupos que generamos desde los “Centros Sociales Okupados” son cerrados, pese a nuestra supuesta intención de darles un carácter abierto. Es decir nos vemos atrapad@s en una paradoja, por un lado queremos que los espacios okupados sean abiertos, pero por otro lado nos sentimos muy cómod@s en los espacios cerrados dado que es un terreno que conocemos, por el que nos sabemos mover. Esta comodidad reside fundamentalmente en los esquemas prefijados y que parecen inamovibles, por los cuales tod@s sabemos lo que tenemos y no tenemos que hacer o decir, sin que estos esquemas sean explicitados y debatidos. De este modo parece como si las pautas que definen los comportamientos en los “Centros Sociales Okupados” tuviesen una especie de legitimidad histórica, es decir, es así porque siempre ha sido así. Pues bien, este hecho sólo nos lleva a un conformismo, a una caracterización de la okupacion como algo estigmatizado, excluyente y cerrado. Por otro lado la comodidad se asienta en otro pilar que es el del status y el rol otorgado y/o adquirido por cada cual dentro de los determinados grupos que se configuran entorno a la okupacion en Madrid.

Si entrásemos en unas dinámicas abiertas, en territorios inexplorados, nuestros pies no pisarían ya un terreno conocido, sino resbaladizo, lleno de incertidumbres, riesgos y retos, lo que provocaría la desaparición de la comodidad que comentábamos, ya que nos tendríamos que enfrentar con nuevas preguntas y esquemas. Quien pensase que este camino estaría libre de peligros y resbalones se equivocaba, es precisamente en la incertidumbre, en el desafió y en el riesgo donde residen las posibilidades de cambio.

En los márgenes

A estas alturas de la película debería estar claro que no hay vida fuera del sistema, lo cual no quiere decir que este sea el único sistema posible capaz de generar vida, sino todo lo contrario, este sistema es seguramente la máquina más grande y perfecta de generar injusticia y muerte que ha conocido la humanidad a lo largo de su historia.

Nosotr@s entendemos que nuestro territorio de actuación es la periferia, los márgenes del sistema, en este sentido habitamos la marginalidad como algo que es más elegido que impuesto. Aunque no podemos negar que también somos empujad@s a esta situación, sobre todo desde los medios de comunicación de masas, así como que esta marginalidad también viene a alimentar a las posiciones endogámicas en las que nos encontramos. Pero no entendemos la marginalidad como incapacidad sino todo lo contrario, creemos que los márgenes, las periferias, son los únicos territorios en los que las formas de hacer política que planteamos se hacen posibles, son los únicos territorios en los que el aire es algo más respirable en la medida en la que están ventilados frente al ambiente cerrado que hace imposible respirar en el centro del sistema. Así pues nos encontramos continuamente moviéndonos entre la legalidad y la ilegalidad, entre lo legitimo y lo ilegitimo, entre lo bueno y lo malo, entre el dentro y el afuera.

Parece claro que si algo compartimos todos los proyectos de okupacion es la autogestión como uno de los principios que configuran nuestras formas de hacer, no obstante como ya se ha señalado en otras ocasiones, muchas veces confundimos la autogestión con lo cutre, la austeridad con lo precario, sabemos que nuestros medios y conocimientos son limitados pero no por ello nos tenemos que quedar anclados en una práctica que rechace los trabajos bien hechos. Es decir si entendemos la autogestión como el “Do it your self” (hazlo tu mismo) debemos tratar de mejorar nuestros conocimientos así como no conformarnos con infraestructuras precarias que a duras penas pueden soportar las actividades que desarrollamos en los espacios okupados. No obstante lo cutre ha venido a ser una especie de seña de identidad que refuerza la autoreferencialidad y la creación de espacios cerrados, y acabar con ello nos abriría nuevos caminos desde los que superar la lógica en la que nos vemos anclados. Si bien es cierto que los espacios en los que levantamos nuestros proyectos son espacios que han estado abandonados durante años y que por lo tanto requieren de una enorme labor de rehabilitación que, en muchos casos, hace de este trabajo una carga demasiado grande para un viaje en el que las pertenencias deben ser las justas. Sólo cargados de una enorme paciencia podemos afrontar y superar la inestabilidad, la represión, la incertidumbre… a la que se ven sometidos nuestros proyectos, ahora bien, no podemos confundir la paciencia con la pasividad. Saber que los resultados de nuestras acciones no tienen efectos inmediatos, no nos puede llevar a pensar que no podemos hacer nada frente a problemas que parecen enquistados, dando la sensación de que forman parte inherente de los procesos que se desarrollan en los espacios okupados.

Como síntesis de todo lo anterior, nos gustaría señalar que el punto desde el que pretendemos intervenir en la realidad que nos rodea es la participación (creemos que la realidad ya ha sido observada durante demasiado tiempo y que observando poco o nada se cambia), pero no una participación otorgada por el poder, sino una participación tomada, desde la base, una participación que no espera a que el gobierno solucione el problema de la vivienda o la ausencia de espacios para l@s vecin@s gestionados por ell@s mism@s, sino que tomamos espacios abandonados, reciclamos casas… okupamos, lo cual no significa que seamos okupas, es decir, que seamos tan “malos” como nos pitan ni tan “buenos” como les gustaría.

No olvidemos que conspirar es respirar conjuntamente…

Eje de Okupación de Rompamos el Silencio

Madrid, abril de 2007